-- Carla tiene 39 años. Para ir desde su casa a la oficina debe subirse a su auto y manejar por 20 minutos. Si decide que no quiere conducir, tiene la opción de ir en ómnibus, que le insume 30 minutos. Sabe que el tránsito es todo un tema en Montevideo y que, a partir de las 8 de la mañana, recorrer las principales avenidas de la ciudad se convierte en un desafío a la paciencia. Aún así, su filosofía consiste en tomarse las cosas con calma. La mañana es su momento. Entre que se despierta y deja su hogar para ir al trabajo tiene una rutina con el eje puesto en la tranquilidad y en evitar el ritmo frenético que llega con las tareas diarias de la oficina. Abrir los ojos, tomar una buena ducha, destinarle un rato a una taza de té o café, prepararse un desayuno, sentarse para ingerir los alimentos y escuchar música. Son algunos de sus hábitos. Los construyó progresivamente, cuando interiorizó que abrir los ojos y sucumbir de manera inmediata a las obligaciones diarias le estaba consumiendo la energía. No le hacía bien, se sentía presa de una vida que no quería. ¿Es raro que pase esto? No. Su caso no es el único. Sucede que, desde que se impuso la cultura de la hiperproductividad, muchas personas entienden que en las primeras horas del día tienen que responder mails del trabajo, actualizar sus correos, redes sociales y mensajes personales, además de hacer ejercicio, meditar y destinar tiempo a la limpieza del hogar. Hombres y mujeres fueron seducidos años atrás por “el club de las 5 de la mañana”, una tendencia que se consagró en su momento entre ejecutivos de empresas y trabajadores de varias áreas. Se evangelizó a toda una generación sobre lo útil de tener rutinas al despertar y en las primeras horas del día lograr objetivos personales y laborales. Es más, algunos influencers del fitness lograron que muchos quisieran emular sus publicaciones, que los muestran levantándose a las 4 de la mañana y haciendo un recorrido minuto a minuto de sus primeras horas, con agotadoras rutinas en el gimnasio, la ingesta de suplementos, la lectura de un libro y hasta la escritura de reflexiones en un diario íntimo. Pero ahora hay otra mirada. ¿Qué es, entonces, el slow morning? Básicamente, una respuesta a esa cultura de la búsqueda del éxito diario mediante acciones rápidas y eficaces. Lejos de ser sinónimo de excelencia, se interioriza que esta dinámica normaliza el estar siempre ocupado y suele desencadenar graves problemas de salud mental, como el agotamiento, la ansiedad y el síndrome de burnout. Se trata de ver que la conquista del bienestar tiene otras dimensiones y que la mañana pasa por otro lado: hábitos lejos de la cultura del rendimiento y con la consolidación de un ritmo pausado. Básicamente, las slow mornings es un concepto inglés que se podría traducir como mañanas lentas: es una filosofía que invita a comenzar con calma los primeros minutos del día. Este enfoque invita a optimizar el tiempo disponible mediante actividades que nutran la mente y el cuerpo de manera integral. El objetivo es otorgarle un sentido de serenidad a las primeras horas que repercuta positivamente en el rendimiento cognitivo y el humor durante el resto de la jornada. Hay pequeños hábitos que pueden componer una slow morning. No todos ellos tienen que implementarse a diario y todos juntos. No funciona así. De ellos, algunos pueden ponerse en práctica de manera simultánea, pero otros pueden alternarse. Lo importante es la filosofía y, de hecho, tomarse las mañanas de manera liviana. La implementación de una rutina pausada permite que el sistema nervioso se regule adecuadamente, evitando picos de estrés innecesarios desde el comienzo de la jornada laboral. Entonces, es importante levantarse y tomar una ducha. No exponerse a la pantalla del celular o la computadora para responder mails, evitar mensajes, tomarse unos minutos para preparar un desayuno nutritivo y tener el espacio para ingerir los alimentos sin realizar otras tareas simultáneas. También pasa por tener la casa en silencio o escuchar música en un volumen moderado o bajo. Además, se promueve meditar por unos minutos para quienes tienen el hábito. Hay otras prácticas asociadas que se recomienda implementar: -Hidratación profunda: beber agua natural al despertar ayuda a reactivar los órganos internos y a eliminar las toxinas acumuladas durante el descanso nocturno. -Exposición solar: recibir luz natural en los primeros minutos del día ayuda a regular el ritmo circadiano y mejora la síntesis de vitamina D esencial. -Lectura analógica: leer unas pocas páginas de un libro físico en lugar de pantallas previene la fatiga visual y estimula la creatividad desde temprano. -Movimiento suave: Cambiar las rutinas de ejercicio intenso a primera hora por estiramientos ligeros o una caminata corta. - Realizar ejercicios de respiración: ayudan a relajarse y a liberar el estrés. Una buena opción es usar la técnica 4-7-8, que consiste en inspirar durante cuatro segundos, retener el aire durante siete y exhalar durante ocho. -Planificación nocturna: dejar el vestuario y los elementos de trabajo listos la noche anterior permite que la mañana fluya sin decisiones apresuradas o estrés. Quienes promueven las slow mornings tienen la expectativa de que más personas opten por un cambio en sus rutinas. Es el caso de Candis Williams, una coach de Estados Unidos que es referente en el tema. Tiene un sitio en Internet muy consultado, titulado The Slow Year. Allí reflexiona sobre la necesidad de bajar un cambio a la rutina y la cultura de la hiperproductividad mañanera. “Una vida pausada es el resultado de una mentalidad de vida pausada. Y comienza con la forma en que te saludas por la mañana. Esa primera inhalación. Ese primer sorbo de agua. El instante en que tus pies descalzos tocan el suelo. Estas pequeñas, casi invisibles microdecisiones son donde comienza toda tu vida. Comienza tu paz. Comienza tu claridad. Comienza tu liderazgo”, escribió Candis Williams en el sitio. El empresario mexicano Javier Morodo también relató su experiencia alrededor de su nueva manera de encarar las mañanas. Es un conferencista sobre negocios y finanzas que, además, orienta a ejecutivos de importantes empresas sobre decisiones de inversión y rutinas personales. “El objetivo es crear un espacio de calma que permita preparar mente y cuerpo para el día, promoviendo mayor equilibrio emocional, claridad mental y una sensación de control sobre el ritmo diario”, relató en su web personal. En tanto, la psicóloga estadounidense Susan David, autora del libro Agilidad Emocional, escribió que el modo en que comenzamos el día puede influir en nuestra capacidad para responder a las demandas cotidianas con mayor flexibilidad emocional. “Desde esta perspectiva, las slow mornings no consisten simplemente en hacer las cosas más despacio, sino en crear un espacio de consciencia antes de entrar en el ritmo acelerado de obligaciones y estímulos”, sostuvo. -Ayuda a reducir el estrés. -Proporciona bienestar: ayuda a sentirse más relajado. -Ayuda a conciliar el sueño: el estrés puede causar insomnio. -Reduce las molestias estomacales: el estrés y la ansiedad pueden provocar problemas digestivos. -Proporciona energía: una rutina slow morning ayuda a combatir el cansancio y la fatiga. -Mejora el estado de ánimo: ayuda a sentirse más tranquilo y con mayor confianza. -Ayuda a organizar el día: una mañana acelerada provoca caer en la desorganización. -Mejora los niveles de atención: el estrés matutino provoca problemas de concentración. Es una filosofía que propone empezar el día con calma y, entre otras cosas, sin pantallas. Es la respuesta a la hiperproductividad que tanto se impuso a través de influencers en las redes sociales.
Éxito
¿Cómo?
Optimismo
Beneficios de nuevos hábitos mañaneros